Tuesday, June 13, 2006

Torero de época y de siglo



Guillermo Salas Alonso / Pedro Díaz G.

Sería torero. De época. De siglo. Torero del pueblo: idolatrado.

Lo fui dice él, Silverio Pérez, El Compadre, El Tormento . Fui el torero más miedoso del mundo, pero fui, soy torero. Vivo torero y moriré torero.

De aquel viejo miedo de Silverio revela el escritor Guillermo H. Cantú en el libro Silverio, o la sensualidad en el torero : "Silverio Pérez nunca escapó a su miedo, más bien lo acompañó, lo dejó entrar a su ser; sin presentarle oposición lo recibía. Lo toreaba, lo acariciaba y luego lo mandaba suave, lentamente, en dirección al público, hasta donde llegaba sobrecogedor, intenso, humano, para que los espectadores, sufriéndolo, compartiéndolo con él, se emocionaran hasta las lágrimas con su sensualidad profunda y elocuente".

Olé.



De ‘Monarca’ a ‘Tormento’

Si se niega es mentira: no existe ningún torero que no lleve dentro eso que se llama miedo. El temor ante lo desconocido, lo impredecible, lo que está sujeto a lo que en el ruedo marque el toro, símbolo de la fiesta de la sangre, seda y sol.

Y el objetivo del torero es imponerse precisamente a ese temor, superarlo. Dar la sensación de valor, de no temerle a la muerte... ¡Qué difícil dar ese pequeño paso! Muy a colación escribió el maestro José Alameda: "Dar un pasó atrás significa el fracaso, dar un paso adelante, la muerte".

Un trance que Silverio Pérez vivía con total intensidad. Es incongruente el espectáculo, pues El Faraón de Texcoco nunca negó estar invadido de miedo, pero era objeto de una transformación de espíritu al momento de tocarlo la diosa inspiración.

En el cuerpo del temeroso diestro se manifestaba el torero más valiente. Se convertía, como lo calificó el músico poeta Agustín Lara, en el Tormento de las mujeres . Se pasaba los pitones más cerca que ninguno y su trazo producía un dramatismo estremecedor, que hurgaba en lo más profundo del aficionado.

Cuando Silverio recibió en Veracruz el cuerpo de su hermano Armando Carmelo Pérez, después de morir en Madrid el 18 de octubre de 1931, de pulmonía fulminante a consecuencia de la cornada que "Michín" de San Diego de los Padres le infirió en "El Toreo" de la Condesa, le prometió ser torero.

Carmelo se convirtió en leyenda y leyenda es que El Faraón , como le ofreció a su hermano ante el féretro en algo similar a una venganza directa al implacable y cruel destino, no sólo fue torero, sino que alcanzó niveles más importantes y trascendentales...

¡Se hizo figura del toreo y el ídolo más querido del escalafón taurino mexicano!

Estilo tricolor

Se discutió, se discute y se seguirá discutiendo sobre las escuelas del toreo.

La técnica en el arte de la lidia, para todos los estilos, es la misma, sólo que cada quien impone su interpretación, su sentir y su sensibilidad.

Existe el estilo rondeño, que es seco, serio, apegado a una técnica sin muchas florituras; el sevillano es un trazo alegre, cascabelero, barroco y de luz; el estilo mexicano es de sentimiento, es un trazo con una dejadez de expresión en las suertes que le da una templanza muy particular.

El toreo de Silverio Pérez reunía esa sensibilidad muy, como dice su paso doble, de un torero azteca y español.

El Compadre aportó al toreo ese trazo, un corte que mantuvo Manuel Capetillo con el estilo mexicano y que perpetuó a un alto nivel el regiomontano Manolo Martínez. Por ello surgió la discutida escuela mexicana del toreo que, reiteramos, para nosotros es estilo y con profundas raíces acendradas de nuestra idiosincrasia.

Silverio puso un sello especial a un lance y dos muletazos: la chicuelina, el trincherazo y el toreo en redondo, sobre la mano derecha, mejor entendido como derechazo.

No necesitaba más. Se aseguraba que era un "diestro corto", pues no ejecutaba esa abundante gama de suertes que reúne el ejercicio taurino. Pero nadie hacia mejor la chicuelina; ninguno interpretaba el trincherazo como él; ni tampoco nadie imprimía al derechazo esa templanza, expresión y dimensión que hacía que la suerte pareciera eterna.

Dio un sello a su interpretación tan singular que no pocas veces se escribió con letras mayúsculas: "Asilveriarse o morir".

Las damas, la verdad sea dicha, sufrían en las faenas del texcocano. De ahí la frase del músico poeta de "Tormento de la mujeres".

Existe un anécdota: Silverio, como otros, fue a La Habana, Cuba, a torear un festival invitado por Fidel Castro. Debemos decir que antes de derrocar a Fulgencio Batista, el comandante Castro convivió mucho con toreros y era asiduo asistente al famoso café "Tupinamba"...

El paso doble de Silverio estaba de moda en Cuba y en cuanto llegaron los toreros al aeropuerto, un mulato al ver a El Faraón con sorpresa le expresó: Silverio, ¿tú eres el tormento de las mujeres?... ¡Chico, tú eres la muerte!

La rivalidad con ‘Manolete’

Nuestro héroe de esta ocasión, nació en Texcoco, el 20 de noviembre de 1915; a la muerte de Carmelo y al decidirse a ser torero, fue discípulo del maestro Fermín Espinosa Armillita .

A su amparo toreó mucho como "sobresaliente" y se fue de aspirante a España, en 1935, lo que le sirvió de mucho. El mismo maestro le concedió el doctorado en Puebla, el 6 de noviembre de 1938, con Paco Garráez de testigo y después se lo confirmó en México 11 de diciembre del mismo año en "El Toreo", con "Vigia" de La Laguna.

Silverio actuó con otro aspirante que respondía al nombre de Manuel Rodríguez Manolete . En la plaza de Tetuán de las Victorias. Esa tarde les acompañó Félix Fresnillo Valerito II y otro mexicano que destacó como novillero: Liborio Ruiz.

Ninguno de los dos, Silverio y Manuel, se imaginaron esa tarde que una década después, el 9 de diciembre de 1945, convertidos en figuras consolidadas se verían las caras nuevamente.

Tarde triunfal.

Manolete causó conmoción: le cortó el rabo a "Gitano", el de la confirmación, y el otro, "Cachorro", le dio una cornada.

Silverio esa tarde inmortalizó a "Cantaclaro", en capítulo de inspiración y una de las pocas veces que toreó con la mano izquierda.

Siguieron una serie de confrontaciones entre texcocano y cordobés. Tardes de un real pique. En Irapuato, Silverio, inclusive, lidió un toro de "La Punta" al que le cortó ¡una pata! Después, en la segunda corrida del serial de la inauguración de la Plaza México, Silverio obtuvo el primer rabo del coso con el toro "Barba Azul" de Torrecilla.



Esa cumbre

Se colocó la etiqueta de figura en 1939, cuando cuajó al toro "Pizpireto" de La Punta, en "El Toreo".

Ahí dejó ver su potencial taurino, con altas y bajas, pero con un destello que servía para dejar complacida a la clientela.

Fue en la temporada 1942 cuando se subió a la cumbre con trasteos que lindaron el dramatismo, el arte y, sobre todo, esa sensibilidad a la mexicana. Brilló con todo su esplendor: primero ante "Guitarrista", de San Mateo; luego "Caraba" de la Punta y con "Cocotero" de Torrecilla.

Alcanzó el clímax la tarde imborrable del 31 de enero de 1943. Debut de la ganadería de Pastejé, Fermín Espinosa Armillita , Silverio Pérez y la alternativa de Antonio Velázquez.

Se realizaron en la jornada faenas insuperables, que perduran como ejemplo. El maestro Fermín a "Clarinero", una lección intensiva del toreo al natural; El Compadre , inconmensurable, tocó con los dedos los linderos de la gloria, con la faena, todo un concierto de arte, dejándose llevar por el espíritu en una amalgama con la gran clase de "Tanguito".

Inmortales.

Bien decía Juan Belmonte: "El toreo es una actividad del espíritu". Un trasteo cumbre en la biografía torera de El Faraón y también en el sentimiento del núcleo popular.

Olé.



Veía doble

En 1944 se firmó el Convenio Taurino Hispano-Mexicano. En la temporada española de 1945 Silverio marchó a España. Se encontró con un panorama de gran presión y, a toda su capacidad, la pareja que formaron Carlos Arruza y Manuel Rodríguez Manolete .

No se sintió tranquilo, el Monstruo y el Ciclón se arrimaban desesperadamente. Silverio, anunciado en Madrid, con Armillita , Domingo Ortega y Manolete , presentó un certificado médico de que veía doble. No observando el medio propicio, idóneo a su temperamento, decidió retornar a México.

Aquí, a finales de 1945, dio la gran batalla al cordobés. Sí, el mal óptico desapareció para nuestro beneficio.

Antes de esto, en cierta recepción taurina, Silverio charlaba con Mario Moreno Cantinflas . Entonces pasó un mesero con la charola de canapés, pero sólo había uno.

Don Mario, muy serio y propio, se dirigió al texcocano y le planteó: Compadre Silverio, usted que ve doble, tome el canapé que no es y déjeme el otro, así el joven no da otra vuelta...

Diversos percances sufrió el diestro mexiquense. El más grave de todos, el que le infirió "Zapatero" de La Punta, el 13 de febrero de 1944 en "El Toreo", una cornada de las que ponen en peligro la vida, con exteriorización de un testículo. Las cosas del toro: en el primero de "El Soldado", Silverio cuajó un enorme quite por fregolinas y el segundo fue "Zapatero", al que toreó con la mano izquierda, antes de que padeciera la cornada.

El impacto fue seco y de inmediato se palpó la gravedad: El Faraón se desmayó, se desprendió de la materia. Cornada que pudo haberle matado.

Su adiós de los ruedos se realizó el uno de marzo de 1953 en la Plaza México y tuvo que matar al toro "Malagueño" de San Diego de los Padres, de la misma procedencia de la dehesa en cuyos potreros nació "Michín", el ejemplar que directamente causó el deceso de su hermano (Carmelo ).

Actualmente El Faraón goza de cabal salud, junto con su esposa, María de la Paz Domínguez, la gran Pachis , dama fuera de serie, con la misma sensibilidad que el compañero de vida...



Para la eternidad

A decir de los historiadores, Silverio Pérez es quizás el torero de más clase y personalidad que haya dado el país.

Sin embargo, una incógnita quedará en el aficionado a los toros: ¿"Clarinero" o "Tanguito"? ¿Armillita o Silverio ?

Publicaron los diarios de la época: "De Silverio no se puede decir mucho, se debe pensar que en México no ha habido torero más impresionante, más dramático, más profundo y de más hondo sentimiento. Tiene un campo de acción que es infinito... Pero la duda seguirá mientras exista el mundo: ¿quién es el mejor?..."

Silverio Pérez Gutiérrez: torero de inmensa clase, exquisito gusto, depurada técnica y hondura auténtica; torero capaz de rivalizar en genialidad con el Monstruo , lo que le encumbró a lo más alto entre los ídolos de la afición mexicana.

Mirando torear a Silverio me ha salido de muy dentro lo gitano de un cantar.

Junio, 2004

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