La faena por la vida

Guillermo salas Alonso / Pedro Díaz G.
Seis toros seis.
La tarde es pasión en busca del mejor lugar en los tendidos. Es euforia, ritmo, cadencia y temor.
Para salvar la vida, el burel debe mostrar pujanza, trapío, clase, orgullo por su divisa, por esa ganadería que le dio vida y le dio nombre.
Debe ser mucho más.
No todos los toros indultados sirven para la recría.
Los misterios de la genética hacen añicos toda lógica. En las ganaderías, acaso la parte más bella del mundo taurino, siempre se anhelan ejemplares de indulto.
Ahí, inmersos en el silencio del campo, con los espacios abiertos, crecen a la espera de su tarde. Nacen para morir en la lidia.
Así que se experimenta. Y se resuelve: del cruce de un toro bravo con una vaca brava no necesariamente la cría será magnífica. Si bien la bravura es hereditaria, el brinco que constantemente dan los genes va de extremo a extremo.
Las ganaderías, al correr de los años y después de varias cruzas, logran confeccionar una pureza al 100 por ciento. En este nivel, los hatos ganaderos certifican el pedigree de cada uno de los animales, hembras y machos, que pastan ahí; se observa un registro minucioso de su árbol genealógico, un estudio nítido de ascendencia y descendencia. Se puede afirmar que se obtiene el linaje de los toros, sobre todo de aquellos que se dedicarán a sementales.
Asimismo, de los escrupulosamente seleccionados, no todos son idóneos para "ligar", como dicen los criadores de reses bravas. No es, ciertamente, una equivocación del ganadero; sin embargo, un desacierto inconsciente suele costar cuatro o cinco años para enderezar el camino.
No es nada sencillo colocar a la ganadería en la tesitura de "ganadería definida", como se le nombra en el medio, y, más difícil aún, destacar como criador.
Pues bien, esas ganaderías que llegan al nivel de la pureza, tienen líneas puras e impuras. Esta última suele ser para el torero mucho mejor, más fácil, quizá con mejor estilo e indudable nobleza. Lo puro tiene más brío, menos dulzura y en su lidia, sin ser una regla, desarrolla temperamento y hasta fiereza.
En esas ganaderías, por ejemplo San Mateo, Piedras Negras, San Miguel de Mimiahuapam, Begoña, San Martín, Reyes Huerta, Fernando de la Mora, Javier Garfias, Pepe Garfias, Xajay, entre otras, si les indultan un toro impuro, no les sirve para la recría.
Sí, por descontado, servirá y mucho, para otras vacadas de menos sangre. Les dará bravura y afinará su tipo, que ya es un paso muy importante.
No todos ligan
No el animal indultado podrá ser un semental "ligador". Nadie garantiza eso, sobre todo si es impuro. Inclusive, el toro seleccionado para semental que es puro y reúne una descendencia ya muy fijada en la ganadería, en un momento dado podrá no ser tan bueno para el torero, pero sí magnífico ejemplar para recría. Puede ligar y dar un producto óptimo.
José Antonio Llaguno García, de la divisa de San Mateo, por libros seleccionaba a los sementales, inclusive por tipo y, principalmente, por procedencia.
Pero siempre existen las equivocaciones. Sucedió con el toro "Cuadrillero", burel que indultó Manuel Benítez El Cordobés en Guadalajara. Lo vio lidiar Jesús Cabrera: a sus compradores de simiente, Antonio Llaguno se los alquilaba. Y el toro se fue directo a la hacienda "El Cortijo" en San Alto, Zacatecas.
Las primeras crías que tentó Cabrera, becerras, no salieron buenas. Lo comunicó de inmediato: Toño, el "Cuadrillero" no me dio bueno; las becerras salieron fatales.
Llaguno, muy señor, contestó: Chucho, mándamelo de inmediato.
Al pasar el tiempo y en dos primeras corridas que lidió Cabrera se indultaron a dos hijos de "Cuadrillero", en diferentes plazas.
Pensó Cabrera en que "Cuadrillero" volviese a la ganadería. Se comunicó con Antonio Llaguno García: ...
Chucho, como me dijiste que no había ligado, lo maté. Pero no te apures, tienes hijos suyos...
Mansos o de escándalo
Ocurre con frecuencia en todas las ganaderías: Astados que el ganadero garantiza, salen mansos. Y otros a los que no se les confía, dan un juego de escándalo y terminan con vuelta al ruedo, reciben honores y producen inmensas alegrías.
De una poesía de Manuel Benítez Carrasco, de ganadero a toro indultado: "Yo te mandé a la muerte y tú me das la gloria".
También sucede: toros hermanos, la misma vaca, el mismo padre. Uno suele ser magnífico, dar brillo a los colores de su divisa, jerarquía y beneplácito a su criador. ¿Y el otro? Regresado al corral, por manso.
Se ha comprobado que el estado de ánimo de los bureles es esencial. Sencillamente al animal no le apetece pelear en esos momentos.
Reses las ha habido que mancharon el honor del rancho que les vio nacer, al regresar al corral por mansas y, al día siguiente, o unos después, al ser nuevamente toreadas, embistieron de ensueño.
Célebre es la sentencia de Antonio Llaguno González: "Los toros no tienen palabra de honor".
Este criador en cierta corrida celebrada en "El Toreo" de La Condesa, en tarde aciaga, dijo a Luis Castro El Soldado , cuando casi todo estaba perdido: En el chiquero está un burel, "Famoso"... Luis, regala a ese toro, lo dejas que dé dos vueltas; en los dos primeros capotazos va a salir suelto... al tercero se va a quedar contigo. Irá a más, y terminará sencillamente inmenso.
Lo escuchó El Soldado .
Y sucedió. Justa y exactamente como fue pronosticado. "Famoso" dio dos vueltas, al tercer capotazo se fijó con el torero y el burel tuvo una calidad excepcional. Luis Castro le cortó las orejas y el rabo...
Enardecer
Carlos Arruza contó la historia que vivió en una feria española, en 1945, cuando sumó 108 corridas.
Actuó en la primera fecha del ciclo y, donde se regresó al corral, por no embestir, a un toro que tenía como característica principal que era "lucero": tenía una mancha blanca como estrella en el testuz, o sea, en la frente.
Volvió Arruza a la última corrida de ese serial y regresaron a otro astado que no embistió. Algún ocurrente pintó de negro a aquel lucero y lo echaron nuevamente al ruedo.
Sí. Fue otro ejemplar. Uno totalmente diferente. Peleó con bravura y calidad. Un toro al que el Ciclón Mexicano cortó las orejas y el rabo.
Seis toros seis.
Quien asiste a una plaza quisiera presenciar una muy buena lidia de reses bravas, mirar con pasmo el trasteo que luce interminable; los muletazos de calidad largos y benevolentes. Enardecer.
Pero acertado es el popular comentario: "De toros, ni las vacas saben nada".
Mayo, 2004

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