Tuesday, June 13, 2006

Lomelín, un valiente que sintió miedo



Guillermo Salas Alonso / Pedro Díaz G.


Xajay estaba en su destino. El 20 de marzo de 1975 enfrentó al toro Bermejo y en un par de banderillas el astado lo alcanzó en el abdomen. La escena fue terrible: el matador corriendo por la arena de la Plaza México sujetando su propio paquete intestinal.

Un día confesó, quien se distinguía por ser valiente, muy valiente aún tratándose de un torero, que dos veces tuvo miedo en su vida. Y no fue esa tarde en la México. "Dos ocasiones no sufrí de miedo, sino de pánico. Una fue en mi debut en la plaza de Barcelona. Mi apoderado, Manuel del Pozo Rayito , me dijo que me había tocado el toro chico y, ¡salió una mole de 620 kilos! "La otra, en la ganadería de Reyes Huerta, una vaquilla, que dejé refrescar un rato, me embistió, una ráfaja de aire me descubrió y la becerra me metió el fino pitón. Una cornada con profusa hemorragia. La Divina Providencia me sacó de ese percance".

Lomelín fue un diestro de los más castigados en su carrera y supo imponerse a la adversidad en muchos ocasiones. Ese valeroso corazón se negó a seguir trabajando.

Matador de toros que jugó, y le ganó la partida a la muerte dentro del ruedo, tuvo su cita más cercana hasta ayer, cuando sufrió una cornada gravísima en Tijuana, con lesión en el hígado y en la que el doctor José Rodríguez Oliva fue su ángel salvador.



La historia de Luna Roja

Ya decíamos que Xajay estaba en su destino. Aquel día en el que Bermejo lo hirió en la Plaza México, en los mismos potreros de la ganadería queretana, estaba en el vientre de su madre, el toro Luna Roja , justo el que lo colocó en primer lugar del escalafón taurino.

Ocurrió el 30 de marzo de 1980. Cinco años después del percance con Bermejo , saltó al ruedo ese bello castaño llamado Luna Roja . El toro bravo, noble, se encontró a un torero valiente, ya consolidado, pero con esa sensibilidad que suele tener el torero mexicano. Y Lomelí lo bordó haciendo la faena cumbre, aquella para la que había nacido.

Las orejas y el rabo, los máximos trofeos, palidecieron aquel día. Ese día, Lomelí apartó para siempre su lugar entre los grandes. La misma divisa, la de Javier Sordo Madaleno Brindas, estuvo a punto de cortarle la vida y después lo encumbró.

Una semana antes de inmortalizar a Luna Roja , el triunfo grande se escapó de las manos, cuando dudó si entrar a matar o no hacerlo para indultar a Bien Nacido , de Reyes Huerta.

Lo que son las cosas, probablemente su mejor cualidad torera era ser un estoqueador clásico, de enorme pureza y gran sentido del sitio para realizar la suerte suprema, pero ese día falló pinchando... ¡Se esfumó el triunfo! Tuvo otras grandes tardes. Indultó a Notario , de San Martín; fueron éxitos sus enfrentamientos con astados como Juguete , Bambino y Cervecero .

Lomelí se despidió de los ruedos el 18 de febrero de 1996, en la Plaza México. Un adiós brillante, triunfal, como pocos, cortando dos orejas.

¿Por qué vuelven los toreros? se pregunta Conchita Cintrón, en un libro. En el caso de Lomelín, habrá sido la nostalgia. Trató de retornar, lo hizo en la plaza Caletilla de su natal Acapulco. Toreó con Eloy Cavazos toros de De Santiago y cortó orejas... No hubo más suerte, ni contratos.



Acuérdate de Acapulco...



La historia de Lomelín se inicia el 26 de octubre de 1943 en Acapulco, ahí nació y es la fecha exacta. Debutó como novillero en 1965, en la plaza La Aurora, donde también surgió otro "as" de la torería mexicana: Manolo Martínez.

En los años de 1965, 66 y 67 sumó en la Plaza México 61 festejos. Tomó la alternativa el 20 de noviembre de 1967 en la plaza de Irapuato, de manos de Manuel Capetillo y como testigo Joselito Huerta. Le cedió el toro Rebocero , de Rancho Seco.

Confirmó el doctorado el 18 de febrero de 1968 en la Plaza México, de manos de Huerta y atestiguó Jesús Solórzano, con el toro Olímpico , de José Julián Llaguno.

Confirmó en la Monumental de Las Ventas de Madrid, el 28 de mayo de 1970, con un éxito rotundo, después de que Manolo Martínez no había obtenido el éxito deseado. Esa tarde cortó tres orejas a toros de Moreno de la Coba, al recibir los trastos de manos de Andrés Vázquez y de testigo José Manuel Inchausti Tinín .

¡Descanse en paz, Antonio Lomelín Migoni!



Abril, 2004

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