Cuando la leyenda es orgullo

Guillermo Salas Alonso / Pedro Díaz G.
Pepe Luis Vázquez, como novillero, recorrió la legua auténticamente, y después matador de toros, cuya principal virtud fue ser un formidable estoqueador, algo le robó la atención: la lidia. Y la hacía con determinación, gusto, recreándose en la suerte de matar y, sobre todo, haciendo gala de una depurada técnica que a todos dejaba satisfechos.
Las historias se hilvanan. Se atan cabos y se coincide: en verdad el mundo es pequeño.
O acaso, ¿serán las coincidencias?
Algo o mucho habrá de ello. Es cuestión de rascar un poco, profundizar y aparecen, tejidas, las historias que en ocasiones no tienen explicación.
Para todos los artistas figurar en algo extraordinario es un síntoma de orgullo, de satisfacción, de halago.
Es difícil la fiesta de toros y, por ello, cuando se destaca en cierta suerte, significa un bálsamo que reconforta el espíritu del artista. Pepe Luis Vázquez, en su carrera taurina, nunca dejó un toro vivo. Ni siquiera se recuerda a alguno al que haya pinchado en dos ocasiones...
¿Cuantas estocadas recibiendo ejecutó? Muchas. Lo mismo en la Plaza México, como en Tijuana, donde lo hizo cuatro veces, tres más en Ciudad Juárez.. Y en Monterrey, Guadalajara, Acapulco, Salvatierra. Gozaba con la suerte, se recreaba en ella y la realizó, no sólo en plazas de primer orden. Cuando lo sentía lo ejecutaba, sin más trámite que la inspiración del momento, sin importar el ruedo del que se tratase.
Sufrió 12 cornadas en toda su carrera. Herido mató a los astados causantes de sus percances, en ocho ocasiones. Poco pueden darse ese lujo.
Pepe Luis consideró, siempre, la importancia de la suerte suprema y señaló: "Las palabras de un matador de toros hablan por sí solas".
El primer rabo
Pepe Luis Vázquez es parte de la historia misma de la Plaza México, la que Daniel Medina de la Serna bautizó como "Una Monumental Cincuentona", y que pronto será sesentona, por ser el novillero que cortó el primer rabo, en la primera temporada menor, en 1946.
Se le adelantó al peruano Isidoro Morales, quien obtuvo, esa misma tarde del 16 de junio, el segundo trofeo de ese nivel.
Pepe Luis lo ganó matando al quinto de la tarde, del hierro de Atlanga, y en el sexto fue donde Morales obtuvo el rabo, aunque bajo fuertes protestas porque su actuación no tuvo el nivel del otro. Los toros saltaron al ruedo sin nombre, sin que se hubiese colocado el tradicional pizarrón con las características de los animales, en la puerta de toriles.
Precisamente, en ese quinto novillo de Atlanga, al realizarle un quite por gaoneras, el otro espada de la tercia, Daniel Romero, sufrió una cornada grave: el pitón le atravesó el muslo derecho.
Es menester señalar que a principios de 1946, el 24 de febrero, en la plaza del "Nuevo Circo" de Caracas, Venezuela, Pepe Luis Vázquez sufrió tremenda cornada que le lesionó la femoral y el nervio ciático. Se la infirió un toro criollo de la ganadería de Barrancas, dehesa de media casta.
Parecía un parteaguas para el torero mexicano. Inclusive perdió el movimiento de la pierna, no podía caminar. Aún así toreó y cosechó el rabo en la plaza México, la tarde del 16 de junio.
"Con los trofeos en la mano, nos expresa José Luis, no podía caminar para dar la vuelta al ruedo. Estaba embargado por la emoción. Uno de mis banderilleros argulló: "Matador, ¿que le cortaste un rabo a un toro en la plaza México?... ¡venga a dar la vuelta al ruedo!".
Hubo necesidad de darle cierto masaje para estimular la pierna y pudiese entonces caminar, o cuando menos asentar el pie en el suelo.
Con esfuerzos, como todo en el toro, recorrió el anillo de embudo de Insurgentes, portando el primer rabo cosechado por un novillero. Y claro, pasó a la historia.
La temporada novilleril 1946 la organizó empresario español Antonio Algara. En el festejo de 2 de junio se obtuvo la primera oreja concedida en el escenario de la Ciudad de los Deportes, y la conquistó Pablo Tapia. La segunda, esa misma tarde, con ganado de Lucas González Rubio, Ramón López, un torero con clase y sentimiento de tipo "asilveriado".
Los rabos de Vázquez y Morales concedidos en el festejo de quince días despúes.
Inclusive, el mismo Ramón López cosechó el tercer rabo en el embudo capitalino, la tarde de 4 de agosto, al cuajar a un novillo de Matancillas.
Y los tres siguientes, cuarto, quinto y sexto, fueron nada menos que para el infortunado José Rodríguez Joselillo , quien debutó el 25 de agosto y alternó con Manuel Jiménez Chicuelín , Pepe Luis, y el español Fidel Rosales Rosalito .
Mutiló al novillo del debut, del hierro de Chinampas. El 4 de septiembre cortó otro rabo a un novillo de Matancillas, y el 6 de septiembre la misma presea a un novillo de Garibay, sangre de Piedras Negras.
Este festejo fue a beneficio de otro infortunado torero mexicano, Eduardo Liceaga, a quien le quitó la existencia un novillo de Concha y Sierra, el 18 de agosto, en la plaza española de San Roque.
Precisamente Joselillo , ganó el trofeo en disputa.
Tanto Lalo Liceaga, Joselillo , como de Félix Guzmán lo señalamos en nuestro Martes de pasión anterior tienen su historial ampliamente conocido. Tres elementos a quienes el destino marcó un alto, justo cuando la vida más les sonreía. Murieron cuando más vivos estaban.
De distinto corte los tres. Siendo reiterativos, Guzmán un niño hombre que causo furor, Liceaga todo un técnico, un real ortodoxo, de gran talento y Joselillo de esos toreros heterodoxos, con valor espartano, que se quedaba firme y enraizado en el piso para ver pasar a sus enemigos. Tres de las muchas víctimas del pasional espectáculo del toro.
Cuando se vive la tragedia
Pepe Luis Vázquez nació en 29 de marzo de 1923, en la localidad de Matehuala, en San Luis Potosí. Sin antecedentes taurinos gustó de la fiesta y se integró a ella con el afán de alcanzar la gloria.
Aduce el torero: "Tuve la fortuna de que el maestro Fermín Espinosa Armillita siempre me apoyara, y en su experiencia encontré los aspectos positivos de la técnica, tan esencial e ineludible para caminar con paso firme y seguro ante el astado".
Caminó la legua de novillero, sufrió malpasadas, fríos y no pocos desaires.
No todo es color de rosa para quienes suspiran por ser figuras del toreo.
Debutó como novillero en 1941, el 21 de agosto, alternando con Jesús Belmonte y Gerardo Laurín, con ejemplares de Heriberto Rodríguez. Esa tarde fue su bautizo de sangre, pues, pese a estar herido, mató a su enemigo.
El diestro, con sinceridad abunda: "La fiesta es un espectáculo cruel, sangriento, que intimida. Pero a eso hay que imponerse, al mismo destino y a la propia muerte".
Dos años después, en la temporada 1943 en El Toreo, actuó con Arturo Fregoso y el niño torero Félix Guzmán. La fecha, el 30 de mayo.
Esa tarde el novillo "Reventón" de don Heriberto Rodríguez, le dio una cornada. El niño se quedó en el ruedo. Pepe Luis como primer espada le preguntó: "Estás herido, Félix, mató yo al novillo".
La respuesta de ese niñohombre fue: "No, lo mato yo". Y así fue.
Días después se presentó la septicemia gaseosa. El niño-torero dejó de existir ante la consternación y pesar generales.
Otro episodio lamentable, de dolor que vivió Pepe Luis Vázquez, sucedió el 28 de septiembre de 1947. En el cartel, Pepe, Joselillo , cuyo festejo era a su beneficio, y el torero de canela, Fernando López, con ejemplares mexiquenses de Santín.
Sí, otra fecha de triste recuerdo: el novillo "Ovaciones", lidiado en quinto lugar, infirió la cornada a Joselillo y le destrozó la arteria femoral.
Pepe Luis se encargó de matar al novillo-toro. Días después, el carismático novillero entregó su alma al creador. Año, 1947, de infortunio, de desdicha: murió en España el Monstruo Manuel Rodríguez Manolete ; en Portugal el mexicano José González Carnicerito y en México José Rodríguez Joselillo , los tres con lesiones en las femorales, venas y arterias. Por esas heridas escapó en torrentes la sangre valiente y, asimismo, la misma vida de tres desventurados artistas del ruedo.
Este septiembre fue para Vázquez muy positivo. El domingo 7 le cortó el rabo a "As negro" de La Laguna, y el domingo 21 ganó la presea "Estoque de Plata".
Matador y juez de plaza
A consejos y recomendaciones del maestro Armillita y como apoderado el taurino portugués Carlos Costa, José Luis adquirió experiencia en Portugal, donde toreó mucho. Se hizo matador en la Plaza México el 23 de noviembre de 1947, de manos de Manuel Gutiérrez "El Espartero" y como testigo Ricardo Balderas, con el toro "Piel Roja" de la ganadería de Lorenzo Garza. Fue la última corrida anunciada con el nombre del maestro de Monterrey. La vendió a don Jesús Cabrera y a partir de ahí se lidió con su nombre y actualmente se anuncia así esta divisa, rosa, blanco y verde, propiedad de José Antonio Velázquez Pérez.
Se considera que la mejor faena de Pepe Luis fue la que cuajó en Monterrey, al toro "Rondeño", de Campo Alegre, al que mató recibiendo, como lo hizo con otros 15 toros más.
La suerte suprema, el arte de matar bien, sobre todo, ejecutada con las normas, las estrictas en la verdad de la suerte, con gusto y técnica fueron el mejor atributo de este torero potosino.
A finales del siglo pasado estuvo en el biombo de la Plaza México. Fungió como juez de plaza. Sin las satisfacciones que disfrutó como torero, pero se mostró halagado, satisfecho por haber cumplido con su labor en el palco de la autoridad. Es verdad, con algunos desaciertos, "pero nunca expresa el torero de mala fe o en detrimento de la fiesta".
Su actuación, como autoridad del coso, la juzgará cada quién según sus espejuelos; lo nítido y palpable es que Pepe Luis está en la historia, con el orgullo de quien tomó en sus manos el primer rabo concedido en la Plaza México, como novillero.
Apenas hace un par de semanas, el club taurino Aficionados de Los Ángeles le rindió un homenaje a Pepe Luis Vázquez, por su trayectoria y por los muchos toros que estoqueó en la suerte de recibir, en la ciudad de Tijuana.
Es leyenda, es orgullo.
Y hoy, nadie se lo puede quitar.

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