Wednesday, June 14, 2006

San Mateo: ganadería madre



Guillermo Salas Alonso / Pedro Díaz G.

La sangre bendita de algún lugar debe haber llegado. Segunda potencia, en México la crianza de toros de lidia ha tenido una evolución magistral y se sitúa en un lugar preferente dentro del espectáculo taurino en el mundo entero. Pero , ¿cómo inició este éxodo de sangre que embelesa las plazas de toros en la actualidad?

Echemos un vistazo a la historia. En la Gaceta de la ciudad de México se afirma que desde la conquista española (1524), don Juan Gutiérrez Altamirano, primo de Hernán Cortés, fundó la ganadería de Atenco, en el estado de México.

Él trajo a estas tierras un encaste de reses bravas desconocido, de la región de Navarra, con la única intención de celebrar las grandes fiestas de los Virreyes que gobernaban la Nueva España.



Que no les venciera la nostalgia.



Al correr de los años, la tradición por el espectáculo taurino, la magia de esas tardes, y el histórico derroche de arte y pinturería, fue echando profundas raíces en la gente, lo mismo de la alta sociedad, que en el pueblo mismo.

Fue a fines del siglo XIX cuando se tuvo conciencia de la crianza de reses bravas.

Se tiene la plena seguridad de que el toro de lidia así como todas las razas de bovinos que conocemos proceden del uro primitivo, aunque continúan vigentes las discrepancias sobre si únicamente existió uno o varios tipos de uros.



Atenco, la primera

Los apuntes llevan hasta aquí: Atenco, que posteriormente la casa ganadera de los Barbabosa, empezó adquirir fama y fue la primera ganadería mexicana en importar pie de simiente de España.

Llegaron vacas y sementales de las corridas españolas que se traían para ser lidiadas; y muchos astados padrearon en México, eso fue paulatina, pero certeramente afinando al toro.

Sería una larga lista la de nombres de vacas y sementales que se importaron, o las características de cada dehesa, pero a fines del siglo XIX y principios del XX, llegó a México simiente de Anastacio Martín.

Después se consiguieron sangre de Miura, Concha y Sierra, Pablo Menumea, Duque de Veragua, Pérez de la Concha, Eduardo Ibarra, Zalduendo, Otaolaurruchi y Felipe de Pablo Romero.

Asimismo llegó ascendencia de Murube, Valentín Collantes, Gamero Cívico, Pérez Tabernero de Graciliano y Antonio, Campos Varela, Villamartha, Coquilla, Carmen de Federico, Domingo Ortega, Luis Vallejo Alba y Conde de la Corte.

En esta feria de nombres se deberá incluir sangre de ascendencia portuguesa del hierro de Palha.

Dehesas de un prestigio fuera de cuestionamientos, hatos de prosapia que siguen conservando su jerarquía y calidad.



San Mateo y sus hijas

De esta lista, de los diversos encastes, predominan tres sangres: Saltillo, Parladé y Murube. A través de San Mateo y el ramal de dehesas hijas suyas, predomina lo que es la ganadería de reses bravas en México.

A principio del siglo XX la ganadería mexicana tomó enorme auge, pese a la situación política del país, el sistema, y que los ganaderos pasaban suplicios por la poca garantía que tienen en sus hatos.

Era tal el amor y el fanatismo que don Antonio Llaguno González durante la revolución tuvo en la recámara de su casa en Polanco varias vaquillas del pie de simiente que adquirió en España.

Ricardo Torres Bombita , conectó a don Antonio con el marqués de Saltillo. Don Antonio supo esperar, ser paciente y con habilidad conquistó a uno de los mayorales del marqués y logró conocer perfectamente números y hasta nombres de las vacas del pie de simiente. La crema de la dehesa, la calidad y bravura de su sangre, lo mejor, pues.

Trabajo arduo y minucioso el de Llaguno González, fundador de la ganadería de San Mateo y el de su hijo, don José Antonio Llaguno García, quien abrió San Mateo y regó su sangre.

"Es interesante conocer todos estos datos", expresó Rafael Romero, uno de los enamorados de la fiesta. Escribir de la historia de la fiesta no resulta una tarea fácil; sin embargo...



Apellidos con prosapia

Se formaron en México cuatro casas ganaderas y de ahí surgió el auge y la calidad, en alta escala, que no debe negársele, al toro de las diversas regiones de nuestro suelo.

Apellidos de prosapia como los de: Barbabosa, González, Llaguno y Madrazo. Cuatro familias en las que se finca las raíces de nuestro ganado de lidia. Sí, las cuatro dehesas, bien llamadas madres.

La Casa Barbabosa, con la divisa de Atenco, data desde 1524, pero fue hasta 1877 cuando la adquirió don Rafael Barbabosa Alzate y posteriormente fundó San Diego de los Padres y Santín, en el estado de México, carca de Toluca.

La Casa González, en Tlaxcala, en esa región dominada por los "amos" del hierro de Piedras Negras, cuya antigüedad data del año de 1890. Y posteriormente, ya en el siglo XX, se fundó La Laguna.

Por el centro del país, en Zacatecas, surgió la casa Llaguno, con San Mateo. Su antigüedad es de 1914, y Torrecilla, al separarse los hermanos Llaguno don Antonio y don Julián, en el año de 1932.

Y, finalmente, la casa Madrazo, en Jalisco. En el municipio de Lagos de Moreno nace La Punta en 1927 y posteriormente se funda Matancillas.

Barbabosa, González, Llaguno y Madrazo adquirieron simiente del marqués de Saltillo. Inclusive en su inicios La Punta tuvo sementales de San Mateo. Al final la familia Madrazo tuvo preferencia por el encaste de Parladé, que sin duda es el más codiciado en España.

Don Antonio Llaguno González, un fenómeno de la genética, creció y creció al grado de que los ganaderos, hispanos y muchos de Sudamérica, lo siguen manifestado abiertamente, se hacen cruces de que con el bajo número de cabezas, no más de 20 vacas y cuatro toros-padres en dos partidas, se alcanzará esa insospechada alturas... Y Se preguntan con asombro... ¿Cómo lo hizo para alcanzar esos niveles?



Pequeño gran detalle

En San Mateo se logró engendrar la sangre que se multiplicó y fortaleció la crianza de reses bravas en el país. José Antonio heredó la dehesa. A su padre, un fenómeno en el estudio de la genética, le faltaba un pequeño detalle para alcanzar el nivel máximo en su ganadería. Ese nivel lo alcanzó el hijo.

Ese detalle, que de no saberlo manejar manda al barranco a cualquier hato, hunde a la mejor ganadería, José Antonio la llevó por nota y San Mateo alcanzó su máximo nivel.

Así, aunque ya no lo vio ni palpó, se cumplió el anhelo de don Antonio padre. Se culminó la obra que con talento, sensibilidad y una capacidad innata empezó que su hijo concluyó usando las mismas cualidades que él le enseñó. De casta le viene al galgo, dice el adagio.

Decidió, entonces, regar la sangre y formó lotes de vacas y sementales, fueron seis. Dos para San Miguel de Mimiahuapam, en ese entonces de don Luis Barroso Barona; dos a don Reyes Huerta; uno a don Javier Garfias y otro don Mario Moreno Cantinflas , que entre los sementales, adquirió al famoso "10". Posteriormente entró a este que se le podría llamar consorcio, don José Chafic y Marcelino Miaja.

Además, José Antonio siguió alimentando a su ganadería hermana Torrecilla, que se dividió en tres partes la divisa original y surgieron José Julián Llaguno, Valparaíso, San Antonio de Triana y Jesús Cabrera. Esta vacada, que formó don Antonio padre, al diestro Lorenzo Garza, años después la adquirió don Jesús Cabrera.

Asimismo se formó en esa línea en forma directa la divisa de "Los Martínez", de don Jorge Martínez Gómez del Campo y actualmente de sus herederos, encabezados por Jorge Martínez Lámbarri.

Hubo ventas de sementales a otros criadores entre otros a Alfredo Ochoa Ponce de León, de Campo Alegre, a Salvador Rojas Salgado, de San Judas Tadeo, a Joaquín Guerra II, de Tresguerras y alimentó con sementales a El Junco, que en ese entonces era propiedad del general Dámaso Cárdenas y ahora es de Fernando Ochoa Ponce de León.

Así afirmamos que las vacadas que son favoritas y están situadas en primera línea, todas sin excepción tienen directa e indirectamente la procedencia sanmateína.

La ganadería madre.






Marzo, 2004

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