Wednesday, June 14, 2006

Zorrito, tres veces bravo



Guillermo Salas Alonso
/ Pedro Díaz G.


Pararse frente la bestia con los pies impecablemente juntos. Citarla, la muleta desplegada con lentitud. Olé: Zorrito embiste el lance de Manolo Espinosa. Qué faena. Su futuro inmediato es la muerte, pero el burel la salva. Lo hará en otras dos ocasiones. Tres veces se unen en el ritual hombre y astado.

Las tres asombran por igual.

Parece insólito, porque un toro de lidia desarrolla sentidos en una sola corrida. La lógica indica, entonces, que torearlo una vez más es un riesgo innecesario; tiempo perdido. Pero sucede...

El sábado 5 de febrero de 1966, en la plaza El Progreso de Guadalajara se indulta a Zorrito , toro que corresponde en suerte al diestro Manolo Espinosa Armillita . Ahí, a dos pasos de los belfos, la espada tiene que ser guardada en honor a la bravura.

La amalgama de una casa ganadera de tal prosapia, y el arte del torero logran el beneficio del perdón.

San Mateo es una casa determinante en el florecimiento del toro de lidia en México, madre de las ganaderías. Y Manolo un elemento de una casa torera de los Armillita , de un prestigio fuera de dudas.

Combinación perfecta para esta historia que, con el correr de los años, se torna apasionante.

Tres veces se vieron las caras toro y torero: en El Progreso, al año siguiente en la plaza de tienta de la ganadería de Javier Garfias, y diez años después, ya toro viejo, en Guadalajara, donde murió a espada.

Las tres ocasiones por el mismo diestro: Manolo Espinosa.

Caso único e insólito.

Zorrito , marcado con el número 51, de pelo cárdeno claro, apretado y vuelto de cuerna, se presentó ante el público en tercer lugar de la lidia ordinaria de esa corrida de la Feria de Guadalajara, aquel 1966.

El cartel lo integraban Carlos Arruza, como rejoneador, y seis toros más para el español Santiago Martín El Viti , Jaime Rangel y Manolo Armillita .

La línea de procedencia de Zorrito era de lo puro de la divisa rosa y blanco, ganadería con sangre de lo mejor para la recría.

Manolo Espinosa lo bordó, le cuajó un faenón, si no el mejor, sí de los mejores de su carrera.

A Zorrito le esperaba la muerte.

Lo salvó su prosapia

Los toros aprenden

No es necesario ser un erudito taurino para saber que el toro que se torea, si no es muerto, no puede volverse a torear. Es un peligro. Reúne alto grado de riesgo, pues el toro ya lidiado aprende y su sentido lo hace tener una actitud ventajosa: sabe dónde se encuentra el diestro, lo percibe, lo busca. "Lo siente".

Todas las acciones realizadas desde su nacimiento son preparativos técnicos o ceremoniales para la muerte pública del héroe, que no es otro que el toro.

Muerte era su destino.

Pero después de ser indultado Zorrito fue a padrear a divisas ganaderías que se surtían de sementales de San Mateo: el hierro de Javier Garfias fue el primero, después San Martín, Los Martínez y, desde luego, siempre en casa, San Mateo.

Una tarde de incógnitas taurinas, del grupo surgió la pregunta: ¿cómo se comportaría el toro si se lidiase nuevamente?

La voz fue de don José Antonio Llaguno García y la escucharon el propio Javier Garfias, Pepe Chafic y Jorge Martínez Gómez del Campo.

El toro, o sea Zorrito , estaba con una punta de vacas en "Javier Garfias", allá en la Hacienda Santiago, de San Luis Potosí.

Un año después se volvió a torear en la plaza de tienta de Santiago.

¡Y Zorrito embistió con más fiereza! Se recuerda que la tarde en que se le concedió el indulto, Manolo lo toreó mucho más por el lado derecho. En el tentadero fue mejor por el pitón izquierdo. Este experimento fortuito ha dejado a muchos taurinos boquiabiertos.

Pero ahí estaban: hombre y bestia. Zorrito embistiendo y Manolo bordeándolo nuevamente.

El torero tampoco lo creía; sin embargo, lo había realizado. Estaba hecho. Muchos, inclusive, lo catalogaron como "un milagro".



Triunfo compartido

Pasaron los años.

Zorrito adquirió gran fama. Se convirtió en todo un rajá con odaliscas en cada hato ganadero. Todavía hay descendencia del toro que escribió esta historia.

Ya Zorrito había cumplido su ciclo de vida y de reproducción. Los años le pesaban y se volvió peligroso por su encornadura y su jerarquía de macho dominante, pese a que ya no montaba, lo mismo a vacas que novillos o toros, al pelear les metía el pitón en los hijares (zona genital), y los lisiaba, dejándolos cojos.

Don José Antonio volvió a plantearse la remota posibilidad. ¿Sería posible que ya con el tiempo, después de dos ocasiones, volviera a embestir?

Podría ser nuevamente en El Progreso y, para mejor, que Manolo Espinosa le diera muerte a espada. Con ese honor han pasado muchos congéneres de Zorrito a la inmortalidad.

La prueba, una tercera, resulta positiva, conmovedora. Provocado por el resplandor de la tela, el animal arremete. El hombre, que se desplaza lo menos posible, esquiva el ataque y los cuernos. Arte.

Lo logran de nuevo: el cárdeno vuelve a embestir y lo hace con claridad, con raza y emotividad. Manolo Espinosa le cuaja una tercera faena. Lo disfruta, lo goza y lo siente como la primera tarde, la del indultó, en donde ambos alcanzaron un triunfo resonante.



Mano derecha, a placer...



Armillita es el primero en considerar que Zorrito es una de las páginas de más proyección en su carrera taurina y, es razonable, la considera entre las mejores faenas que haya realizado. El toro le permitió sentir, disfrutar y hasta soñar el toreo.

"Fue un gran toro. La tarde que se indultó lo lidié a placer con la mano derecha, me tocó la inspiración con su varita mágica. Al año siguiente, en el tentadero de Javier Garfias iba temeroso de que Zorrito , que me dio tanto, hubiese adquirido resabios que ya no me permitieran torearlo."

Como dejando volar el pensamiento tras una pausa, nos explica: "En Guadalajara la faena reunió muchos pases por el pitón derecho, ya con Garfias fue mejor por el izquierdo... Volví a sentirlo, a gozar con su raza y estilo".

"Cuando me habló don José Antonio Llaguno García y me dio a conocer el plan de volverlo a torear para matarlo en Guadalajara, la plaza que el destino le dio la oportunidad de seguir viviendo, acepté, pero con las dudas de que si se dejaría torear por tercera ocasión. Me dejó mudo... ¡Volvió a embestir!".

"Es un caso que deja ver la raza de procedencia del encaste de Saltillo, a través de San Mateo... ¡Bendita sangre!".

Que dio un toro tres veces bravo.


Mayo, 2004


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